To whom it may concern

Pues bien, hace poco Usted ha dicho que “el intercambio es muy fructífero para mí”. Debe decir que para mí él ha sido no menos fructífero, por toda una serie de razones. Eeee… Un rato he estado intentando comprender de dónde pueda resultar tal actitud hacia Stalin en Cuba… No me imaginaba que tenéis un nido trotskista en el nivel tan alto. De ahí está claro por qué en la feria de libros en La Habana tres standes de literatura historíca eran llenos de libros trotskistas etc.

Lo más cómico es que una gran mayoría de “trotskistas” latinoamericanos (al igual que otros) al parecer no tienen ni una … idea de qué hablan. Yo sí pudiera comprender si uno hubiese estudiado a fondo a Marx con Engels, Lenin, Stalin, el Che, Mao y otros de “la lista del Che” (inclusive lo que ellos escribían de “la pelandusca política Trotsky”) y hubiese dicho conscientemente “Soy más bien un trotskista todavía”. En este caso, por cierto, yo lo hubiera considerado a él como un “octavo milagro del mundo” pero al menos esto sería su elección fundada. Pero cuando a uno se lo llegó a los oídos que Trotsky al parecer fue por la revolución mundial, por eso soy trotskista ya que también soy por la revolución mundial – eso es ya “perdóneme”… Como si Stalin y otros hubiesen sido contra!

De paso, me intereso hace tiempo por el tema “divulgación de informacioón en sociedades”, canales, puntos de partida, de empalme etc. ¿Podría pedirle confirmar o refutar honradamente la siguiente aserción “Del libro de Grossman “Vida y Destino” me enteré hace un año, más o menos”? Esto es puramente para mi “interes científico”…

El segundo aspecto referido a la “fructiferidad”. Gracias a Usted he conocido mejor la  representación de Stalin en la literatura histórica occidental (no voy a hablar de la “amarilla” literatura y cine: eso sería como si rusos hubiesen filmado algo sobre un Jose Martí que en una ushanka en la tachanka diga con un acento ucraniano algo como: “¡Compadria, coño, se le vayamos a arrancar los cojones al feodalismo mundial, como on, babes!”

En general, el pelo se me erizó en todos lugares a la vez de esa representación. Y no hablo aquí de tal o cual conclusión o afirmación, ¡qué va! La cosa es que no puedo calificar un libro como “histórico” si él no se basa en documentos y archivos. Por ejemplo, la obra “fundamental” de Robert Conquest (el “antiguo” colaborador de la sección de la lucha contra la propaganda soviética de Foreign Office, por si acaso) “The Great Terror: a reassesment” (40 ediciones para 2008!!!). Como siempre, echo un vistazo a las referencias y la bibliografía, ¿qué veo? Los periódicos de “perestroika”, unas bellas letras, historiadores occidentales que plagian otros historiadores occidentales del mismo tipo, referencias a sí mismo querido, a emigrados contrarrevolucionarios y traidores etc. – cualquier cosa excepto archivos y documentos. Y así se escribe la “historia”…

En cuanto a “recomendar algo”. Bueno, puedo recomendar, por ejemplo, el pequeño libro de Grover Furr “Stalin y la lucha por la reforma democrática“. Hay también algunas entrevistas con él en internet, ésta, por ejemplo. Aunque él mismo reconoce que más bien recuenta unas obras de Yuri Zhukov; pues, yo hubiese querido recomendar a Zhukov mismo pero por ahora no he encontrado sus libros en español. Por eso allí tampoco hay muchas referencias a documentos originales, aunque él honestamente habla sobre la base de su libro y que todas las fuentes originarias hay que verse en ruso en las correspondientes obras de Zhukov y otros autores rusos. Como he leído a este autor en original y he visto todas sus referencias, por eso y me atrevo a recomendarlo. Esto no quiere decir que estoy de acuerdo totalmente con él o que le creo a ciegas, no, pero su enfoque general, sí, lo comparto.

Por qué considero este libro importante… De los datos sobre los presos bajo Stalin en mi bitácora se desprende, que no se puede tratar de ningún “Gran Terror” salvo una sola excepción – los años 1937-1938 (para ser puntual, añadamos acá dos olas menores del periodo de la colectivización y del inicio de la Guerra). Casi todos restantes 31 años el nivel de la “represión” estuvo más o menos comparable hasta con el de algunos países democráticos contemporáneos. No hablo aquí de la sanción a muerte, aunque y ahí, incluso si nos abstraemos de particularidades temporales y nacionales – si de los casi 800 000 fusilamientos en 33 años 682 000 (85%) caen en 1937-1938, debe aparecer la pregunta “¿Y qué pasó con estos dos años? ¿Stalin con compadres se volvieron locos y decidieron organizarse “una noche de vampiros”? Es algo de este tipo que la amarilla literatura quasihistórica occidental les quisiera sugerir a sus lectores cortos, para eso y se fraguan todos estos teorías “sicológicas” en torno de supuestas patologías de Stalin y todo por el estilo.

Mientras que todo es más prosaico y triste. Cuando yo hablaba de la importancia de la figura de Stalin, por supuesto, no quería decir que a un cubano le deberían interesar mucho algunas realidades de Georgia ajena de la antigüedad de 120 años. La cosa es la cuestión sobre la burocracia en un Estado socialista, la burocracia como el enterrador del Estado socialista etc. Es que sobre eso es este libro, en mi opinión.

Personalmente yo no soy un amante de las biografias “sicológicas” en lo que atañe a personajes políticos. Todo esto al fin y al cabo son bellas letras (es decir, fantasías con un grado fortuito de probabilidad) – en el caso mejor, o algunas aberraciones a manera de “colas fálicos”, en el peor. (Aquí hablo de un caso reciente en Rusia cuando un padre fue acusado de pedofilía y condenado a 13 años de cárcel en virtud de la opinión de una experta según la cual el hecho, que en un dibujo de la hija del acusado se puede ver colas de la forma fálica, puede servir como una señal clara de un abuso sexual. El hecho que esta experta más tarde fue identificada como una frecuentadora del club de BDSM no podía servir de nada para el parde condenado. Esto me recuerda mucho de unos cuantos “historiadores”…)

En resumen, quien quiere conocer al hombre real Iósif Vissariónovich Dzhugashvili – que mire acá : ) (el tataranieto de Stalin y su tocayo completo). Si leer biógrafos, creo que ha que leer a aquellos de ellos que tratan desentrañar los procesos históricos en vez de dárselas de un segundo Siegmund Freud. Pero lo mejor, en mi opinión, sería leer a los mismos personajes históricos (a Stalin en este caso) – ¿por qué dirigirse a intermediarios cuando es posible conversar con el hombre mismo, sin recurrir al espiritismo?

Personalmente yo prefiero dar crédito a fuentes originarias. El objetivo principal de la propaganda antistalinista es a través de la creación de una imagen detestable y por eso inaceptable quitar a la gente las ganas de leer a Stalin mismo y conque tratar de entender lo que él todavía quería y cuáles fueron las fuerzas motrices reales de los procesos históricos (histórico aquí no quiere decir sólo “lo pasado”, quiere decir también “lo pasando” o incluso “lo eterno”). Creo que al haber leído un poco (o no poco, eso varia) a Stalin, uno pueda comprender bastante rápidamente quién y por qué trataba de desalentarlo de cualquier deseo posible de leer a este autor.

A propósito, el siguiente fragmento hasta fue subrayado en “Las Temas” para los más “torpes”: “La hora de Stalin está definitivamente concluida, y las perspectivas de una nueva época están a nuestra vista. Si él pertenece a la categoría de los déspotas revolucionarios, entonces habrá que extraer la lección de que con ellos no es posible abrirle camino de forma perdurable a una sociedad socialista que necesita del amor y de la cultura para edificarse”. Punto. “Y se acabó la discusión, llegó el ex-ministro y mandó a parar”…

Pues, por mi parte voy a seguir escribiendo algo sobre este tema (entre otros), inclusive obras históricas etc. Saludos.

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