Tu verdad la no nesecitamos

El verso de un joven poéta traducido (interlinealmente) por un traductor incapaz [por mí] del ruso, antes traducido al ruso de otro idioma… Es decir, de la poesía original aquí ha quedado un poquito más que nada – pero una profecía sí ha quedado.

Él andaba de casa a casa,

Llamando a puertas ajenas,

Con un viejo panduri* de roble,

Con su canción sencilla.

Y en su canción, en su aire,

Pura como el brillo del sol,

Sonaba la gran verdad,

el sueño sublime sonaba.

Corazones empedernidos

Las supe hacer latir,

Despertó la razón de muchos

De las tinieblas profundas.

Pero en vez de gloria –

La gente de su país

Se le dieron al rechazado

veneno en un cáliz.

Le dijeron: “¡Bebe, maldito,

Apúrelo hasta las heces…

Tu canción es ajena a nosotros,

Tu verdad no la nesecitamos!”

* un instrumento musical de tres cuerdas por punteo

Publicado en 1895 en georgiano

Autor: Iósif Dzhugashvili (1878/1879 – 1953)

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