Eduardo Núñez – Del modelo orwelliano o paradigma totalitario [fragmentos]

[la negrita es mía, el texto completo está aquí]

[…] Hoy, las personas que tienen el coraje de defender el socialismo soviético y a Stalin en su contexto histórico concreto son tratados como nostálgicos y dogmáticos, son motejados con todo tipo de epítetos hirientes, se les coloca en la esfera de los fieles seguidores de un ser diabólico, despiadado, inhumano y paranoico cuyo sistema totalitario perpetró los crímenes más atroces y bárbaros que la mente humana pueda imaginar. Para cualquier activista social, para cualquier intelectual académico, etc. siempre resultará más cómodo seguir la corriente de pensamiento dominante que arrostrar de por vida con la etiqueta de “estalinista”. Una vez la Unión Soviética y Stalin han sido elevados a la categoría de prejuicio se evita todo tipo de debate racional, así como cualquier tipo de actitud mínimamente abierta que posibilite la búsqueda de materiales y/o argumentos que operen fuera del pensamiento dominante, se asume de forma acrítica la ideología dominante. […]

Tras la caída de los países socialistas de Europa del Este y la Unión Soviética, la burguesía está objetivamente interesada en evitar un análisis científico que suponga un balance justo de la experiencia soviética y de la figura de Stalin. Por el contrario, sin este balance, la clase obrera, los dirigentes sociales en general y los comunistas en particular quedarán inermes, carecerán del acerbo teórico y práctico necesario para hacer frente a las futuras situaciones revolucionarias del siglo XXI. […]

Es importante, por tanto, mostrar algunos de los principales axiomas (o dogmas) sobre los cuáles se sustenta el modelo totalitario y parte de su discurso:

1) Las prescripciones del deísmo apologético que sostienen la existencia de un Dios todopoderoso cuya voluntad determina todas y cada una de las dimensiones del universo. Además, en este universo, las cosas están dispuestas siguiendo un orden jerárquico piramidal en cuya cúspide se encontraría Dios (Stalin) ejerciendo el poder y control absoluto.

Por tanto, Stalin está en el centro del paradigma dominante y, en consecuencia, sus facetas, defectos y virtudes juegan un papel primordial en las justificaciones del modelo totalitario. Por lo general, con algunas variantes, se nos presenta a Stalin como un ser paranoico, despiadado, un auténtico genocida sin escrúpulo alguno, un asesino de sus adversarios políticos con grandes dotes para la manipulación y con un gran sentido de la oportunidad, etc.

2) Partiendo del punto anterior se plantea al modelo la necesidad de dar explicación a la “perpetuación en el poder y largo liderazgo” de Stalin.

Esto punto es explicado a través del recurso al terror en forma sistemática y masiva por parte de Stalin y su “camarilla burocrática” (Molotov, Sverdlov, Malenkov, etc.). Asimismo, un Partido omnipresente desplegará los propósitos de Stalin desarrollando sus planes económicos y sociales “estalinistas” tales como la industrialización y la colectivización forzadas. El Partido burocratizado hasta la médula también será un aparato destinado al control social.

3) Otro de los puntos cruciales para el “paradigma totalitario” es la eliminación de la “vieja guardia bolchevique”. Este punto da solidez al argumento según el cuál la dirección del Partido pierde su carácter revolucionario como consecuencia lógica de la desaparición física de la “vieja guardia”. Así se llega a la conclusión final de que la antigua dirección revolucionaria quedó sustituida por una “burocracia estalinista” con intereses propios ajenos a la clase obrera y a la edificación del socialismo. […]

Desde el establecimiento del poder de los soviets hasta nuestros días, el cuerpo teórico de este paradigma o modelo totalitario se vio nutrido con los aportes de determinados personajes. Estos personajes también jugaron un papel considerable a la hora de la difusión del paradigma o modelo. Considero, por tanto, que es necesario citar alguno de ellos, aunque sólo sean los más relevantes, y hurgar brevemente en su historia:

1) León Trotsky, decidido enemigo de Lenin hasta 1914. En 1904, decía de Lenin que era un “escisionista fanático”, un “revolucionario demócrata-burgués”, un “fetichista de la organización” partidario de un “régimen cuartelario”, un “dictador queriendo sustituir al comité central”, un “dictador queriendo instaurar la dictadura sobre el proletariado” para quien “toda intromisión de elementos que pensaban de otra manera era un fenómeno patológico”. Todos estos improperios serán repetidos poco tiempo después contra Stalin. En 1913 escribió “el leninismo descansa por completo en estos momentos, en la mentira y la falsificación y lleva en su seno el elemento emponzoñado de su propia desintegración”. […]

2) William Randolph Hearts, conocido multimillonario norteamericano, propietario de un gran número de periódicos y radios en EE.UU., ayudó a los nazis en la guerra psicológica contra la Unión Soviética. […]

3) Robert Conquest, anti-comunista visceral, ex–agente británico, profesor en un despacho de Harvard que depende directamente del Pentágono y asesor electoral en varias candidaturas presidenciales del recientemente fallecido (y no por ello menos fascista) Ronald Reagan. Robert Conquest es, decididamente, el creador de gran parte de los mitos y mentiras acerca de la Unión Soviética y Stalin. […] La metodología de Conquest se caracterizó – como él mismo explica en el Prefacio de 1990 a la reedición de su libro ya citado “El gran terror”- por elaborar las estadísticas referentes a las barbaridades “estalinistas” contando como única “fuente” con personajes que huyeron de la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial por su apoyo decidido a los crímenes nazis en territorio soviético, así como con los materiales proporcionados por Khruschov en su famosa pre-glasnost.

4) George Orwell, informador del gobierno británico a la caza del enemigo comunista. Orwell delató a los servicios de inteligencia británicos a gran número de comunistas y progresistas, apuntó una lista de más de 130 nombres entre los cuáles había personalidades británicas tan famosas como el actor de cine Charlie Chaplin y el dramaturgo George Bernard Shaw. También figuraban en la lista maldita John Steinbeck y Orson Welles. […]

Asimismo, la fantasía de otros autores como Soljenitsyn, reconocido admirador del dictador Franco y autor de “Archipiélago gulag” y “Un día en la vida de Iván Ivanovich” entre otros libros, o Medvedev, conocido opositor ruso que hoy se reclama admirador fanático del mafioso Putin, contribuyeron a desplegar otras dimensiones necesarias para la solidez del modelo totalitario.

El modelo totalitario tiene sus principales axiomas justamente en aquellos puntos que implican grandes enigmas y/o anomalías. Esta debilidad es superada sobre la base de las omisiones premeditadas y descontextualizaciones, de invenciones y tergiversaciones históricas, de la introducción de matrices de distorsión, de la parcialidad manifiesta en la toma en cuenta de testimonios, de la exageración de las cifras, etc. Toda esta “ciencia” se realiza conforme a la adecuación al paradigma, con la finalidad de darle solidez aún cuando se desconocía totalmente la realidad de soviética por Occidente. Esta ignorancia de lo que acontecía en la Unión Soviética es un hecho omitido permanentemente, hoy se sabe que, por ejemplo, la única fuente de información real con que contaba la CIA en el periodo 1946-54 era el nazi Reinhard Gehlen reciclado como jefe de la Bundesnachrichtendienst (BND) (servicio secreto de la Alemania Federal) por Allan Dulles. Tras el desmantelamiento de la Unión Soviética los historiadores anti-comunistas del mundo entero corrieron a la busca y captura de los archivos secretos de la KGB, esperaban corroborar sus teorías apriorísticas repletas con la sangre de millones de muertos, presos en los gulags, víctimas de las deportaciones masivas, etc.

Los estudios recientes, a la luz de los materiales desclasificados, indican en relación a los principales axiomas del modelo totalitario brevemente explicado que:

1) Los historiadores anti-comunistas no toman en cuenta los materiales que ponen en tela de juicio su modelo. […] En relación a las capacidades y rasgos de la personalidad de Stalin, el modelo hegemónico se basa en una parcialidad manifiesta a la hora de seleccionar los testigos que vivieron junto a Stalin. Por ejemplo, los defensores del modelo dominante siempre toman como ciertas las afirmaciones de Khruschov pero, por ejemplo, descartan en todo momento las afirmaciones escritas en las memorias de personalidades como Molotov, Zhukov, etc. Incluso se evitan los testimonios de personas nada sospechosas de afinidad política con el georgiano – como el Ministro de Asuntos Exteriores británico Anthony Eton. […]

2) La descontextualización general de la realidad concreta a la cual tuvo que hacer frente el poder soviético desde sus orígenes es obviada de manera reiterada en el modelo totalitario. […] Así los historiadores que escriben la historia de la Unión Soviética desde la óptica dominante rehuyen entrar, por ejemplo, en la función social que, en las décadas de los años 20 y 30, ejercieron los reaccionarios de toda índole para acabar con el Estado soviético. […] Toda esta complejidad de la lucha de clases y de los procesos económicos y sociales que vivió la sociedad soviética a lo largo de los años 20 y 30 choca con las concepciones simplistas y reduccionistas del “paradigma dominante”. Las visiones pertenecientes al modelo nos describen una sociedad homogénea y estática, dominada por un totalitarismo cuyo centro se encuentra en un Partido omnipresente que, controlado por un ser depravado, encarna los intereses de la nueva “burocracia estalinista” contra las masas.

3) Igualmente, de cara a dar solidez el argumento paranoide, o a la llamada “espionitis” de Stalin, se omiten deliberadamente las conspiraciones occidentales permanentes para barrer al gobierno bolchevique de la faz de la tierra. […]

4) Toda la mitología referente a la cuestión de los gulags. […] Hoy, recientes estudios realizados a la luz de los documentos que desclasificó Gorbachov muestran que la naturaleza real de los gulags y las deportaciones fueron completamente distorsionadas para ceñirlas al modelo orwelliano, que las cifras de víctimas fueron infladas de forma inusitada para justificar el dogma del terror masivo e indiscriminado necesario al modelo. […]

El modelo orwelliano aplicado a Cuba socialista…

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y durante la primera mitad de la década de los años 50 el prestigio de la Unión Soviética era tan elevado que el anti-comunismo de los grupos trotskistas y anarquistas carecía de arraigo social alguno entre la clase obrera y los sectores populares. Es a partir de los años 60, como consecuencia de la pre-glasnost khruschoviana, que todo este alud de anti-comunismo disfrazado de anti-estalinismo – como muy bien indica Israel Shamir – va a encontrar caldo de cultivo entre unos Partidos Comunistas muy fuertes en Occidente y, por tanto, entre la clase obrera y los sectores populares de estos países.

Este mismo modelo totalitario se cierne hoy sobre Cuba socialista minando todos los días el apoyo a la Revolución Cubana de amplios sectores intelectuales mundiales y de gran parte de los movimientos populares que emergen nuevamente tras la caída del Muro de Berlín. […]

En todo momento, la aplicación del modelo totalitario a Cuba – igual que en el caso soviético – omite, por parte de los medios de comunicación occidentales, las terribles dificultades contra las cuáles el socialismo cubano debe sobreponerse desde hace más de cuarenta años y muy especialmente desde que se iniciara el periodo especial. […]

Me gustaría finalizar este artículo recordando una breve reflexión extra-paradigmática de un héroe de la Revolución Cubana, Ernesto Che Guevara:

En los llamados errores de Stalin está la diferencia entre una actitud revolucionaria y una actitud revisionista. Se debe ver a Stalin en el contexto histórico en el que se desarrolló, no se debe ver como una especie de bruto, sino que se le debe apreciar en ese contexto histórico particular… Yo he llegado al comunismo por papá Stalin y nadie puede decirme que no lea su obra. Lo he leído aún cuando era considerado muy malo leerlo, pero ese era otro tiempo. Y como soy una persona no demasiado brillante y además testaruda continuaré leyéndolo.”

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