Archivos Mensuales: junio 2013

Olvidando diferencias

Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. (J.L.Borges. Funes el memorioso)

Enver Hoxha, el 1 de noviembre de 1981, sobre “el país equis” [toda la negrita es mía, así como los cortes; véase más aquí]:

“Ahora todos somos testigos de esta profunda transformación contrarrevolucionaria que se ha producido en [el país equis]. Sólo la burguesía y el imperialismo la presentan como un país comunista. Al presentar [al país equis] capitalista de hoy como un país socialista, pretenden desacreditar al marxismo leninismo y al verdadero socialismo. El revisionismo [en el país equis] es la ideología y la política del capitalismo de Estado que domina toda la vida del país. El retroceso [del país equis] al capitalismo no podía sino tener sus propias peculiaridades y el régimen capitalista no podía sino asumir allí formas específicas. Estas peculiaridades y formas son determinadas por el hecho de que el capitalismo fue restaurado allí como consecuencia del derrocamiento del socialismo, como un proceso regresivo, diferente al del capitalismo de tipo clásico que llega tras el derrocamiento del régimen feudal, como un proceso progresivo. La peculiaridad fundamental de esta clase de capitalismo es que se mantienen en él numerosas formas socialistas de propiedad, de organización y dirección, pero su contenido ha cambiado radicalmente. Los medios de producción en [el país equis] son hoy en realidad propiedad capitalista estatal o colectiva, porque son utilizados en interés de la nueva clase burguesa que detenta el Poder, por ser precisamente esta clase la que se apropia del trabajo de los obreros y los campesinos.

“Las antiguas leyes, tradiciones y prácticas fueron sustituidas por otras nuevas, que dejan las manos libres a la burocracia del Estado y del partido para expresar e imponer sin trabas su propia voluntad. Las nuevas competencias que ella adquirió sobre la base de las reformas económicas, fueron aprovechadas para garantizar y ampliar los ingresos y los privilegios de las diversas castas dirigentes, para conservar el Poder y defenderse del descontento y las revueltas de la clase obrera y del resto de las masas trabajadoras. Es cierto que se mantuvo la propiedad estatal y las fábricas no fueron distribuidas a propietarios privados; los koljóses continuaron siendo explotaciones colectivas comunes y los bancos no fueron entregados a los accionistas, pero lo que cambió fue la distribución del producto social, su destinación. A pesar de que se dice que se aplica el principio de la remuneración según el trabajo, los diferentes grupos de la nueva burguesía se apoderan en realidad de la plusvalía creada por los obreros y los campesinos. Toda esta rapiña es presentada como una especie de estímulo material para alentar la actividad productiva, el trabajo científico y la creatividad artística, etc.

“En realidad es una explotación típicamente capitalista. Para abrir el camino a la restauración del capitalismo, los revisionistas [del país equis] golpearon las tesis fundamentales de la teoría marxista leninista sobre la producción de mercancías y la acción de la ley del valor en el socialismo. Identificaron en la teoría y en la práctica la producción socialista de mercancías con la producción capitalista. Sobre esta base reformaron todo el mecanismo económico. Gradualmente las empresas económicas y también un considerable número de instituciones alcanzaron una mayor independencia respecto a los planes del Estado. A los dirigentes de las empresas y de las diversas instituciones se les concedieron grandes derechos y poder para dirigir y manipular la producción y la distribución, para contratar y despedir obreros, repartir los beneficios, etc. Se limitó la financiación estatal centralizada a las empresas existentes y se fue ampliando gradualmente la práctica de la autofinanciación y la utilización de créditos. […]

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El hombre soviético en Cuba

Fragmentos del libro “La civilización soviética” (autor – Serguéy Kara-Murzá, sociólogo, politólogo y historiador ruso, doctor en ciencias químicas):

“[…] Me crié en la Academia de Ciencias de la URSS, en el entorno de los “sesentistas”. Adopté de ellos su arrogancia con la que abordaron los problemas de la sociedad – la democracia, la optimización, la eficiencia. Un montón de recetas baratas “desde cocinas”. Cuba quitó esta basura de mí, me sacudió como una alfombra polvorienta. Hasta ahora me da vergüenza y hace dolor cuando me acuerdo de con qué aplomo al principio daba consejos a los cubanos – sobre que esto no lo tenían correcto o aquello lo hacían mal.

“[…] Corregir aquella sociedad deformada del “patio tracero” de los EE.UU. – eso fue una proeza de trabajo y paciencia. Todo era una obra creadora, todo era en contra de la “teoría” y del enjambre de expertos extranjeros. Se empezó a construir casas buenas, con muebles, y trasladar allá a la gente desde chabolas. Cerca de La Habana se alzó una ciudad nívea. Pero los habitantes rompieron todos los muebles, destrozaron los baños y sanitarios, arrancaron las puertas – y así volvieron a organizar chabolas, esta vez en los edificios modernos. Así era su cultura. Con paciencia les reparaban los apartamentos, explicaban, proyectaban películas correspondientes. Mas por todas partes se oía el refunfuño de la “crítica constructiva”. Al principio yo también desparramaba las fórmulas de Marx y Liberman, pero se me quitó la borrachera en cuanto me hube probado la realidad.

“[…] Por supuesto, un trabajo físico no extenuativo, especialmente en los campos, es siempre provechoso. Pero él se compagina con diferentes condiciones sociales y por eso se percibe de maneras diferentes. En la URSS a mediados de los sesenta, el público intelectual empezó a desaprobar en extremo la práctica cuando los enviaban al koljós para una o dos semanas.

“Aquí en Cuba, en relación con esta práctica se descubrió una cosa totalmente inesperada por mí. La gran mayoría de los cubanos – no sólo intelectuales, sino urbanos en general – no tenía ni idea del trabajo en ese sector, a cuenta del que su país vivía. Toda Cuba durante un medio siglo vivió a cuenta de la plusvalía producida por los que cultivaban y cortaban la caña. Pero qué trabajo fue esto, los habitantes urbanos no lo sabían. Cuando llegaron al campo, tomaron machetes en las brazos, se enteraron de la vida cotidiana de los campesinos – eso les causó una conmoción a muchos de ellos. ¡Luego es así que su pueblo cubano querido vivía y trabajaba! ¡Una barra de pan por haber cortado 90 arrobas! ¡El piso de suelo en la chabola! ¡Un niño de ocho años que todo el día maneja un atelaje de bueyes! ¡Mientras que los norteamericanos a veces hacen descender los precios de azúcar hasta uno y medio cent por libra! ¡Pero no lo sabíamos nada de esto! Es decir, lo leíamos en periódicos, pero no sabíamos de verdad.

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Hispanohablantes en Rusia

Ricardo Marquina Montañana (Rusia Hoy) presente en su serie de películas cortas documentales “Mi vida en Rusia” a hispanohablantes de varios países que viven y trabajan en Rusia. Un raro caso cuando la propaganda prácticamente coincide con la verdad (hablo de todos los reportajes en conjunto). Lo único que no me gustaba a mí fue el tiempo sombrío que a menudo estuvo presente al fondo (lo que a alguien le podría parecer un invierno ruso exótico y que para mí no es más que una pesadilla) – pero eso también es vero.

Abel Amezga (Cuba) – Samara

José Luis Lorenzo (España) – Nizhni Nóvgorod

Fernando Rojo (España) – Moscú

Alicia Gonzalo López (España) – Vladivostok

Belén Barreiro y otros españoles en Kaluga

Carmen Martínez (España) – San Petersburgo

Cristina Toro (Chile) – Moscú

Cristian Ansaldi (Argentina) – Kazán

Juan Salinas (Chile) – Krasnodar

Hernan Ohaco (Argentina) – Moscú

Miguel Vázquez (España) – Riazán

Mariano José Sedano (España) – Murmansk

Alejandro Sahuquillo Ortiz (España) – Moscú

Sergio García Muro (España) – San Petersburgo

Juan Gual (España) – Moscú

Eloy, David y otros españoles – Jabárovsk

David Valenzuela (España) – Moscú

Carlos López Huesca (España) – San Petersburgo

Españoles y un francés – Toliatti, región de Samara

Miguél Lorenzo (España) – Cheliábinsk