El hombre soviético en Cuba

Fragmentos del libro “La civilización soviética” (autor – Serguéy Kara-Murzá, sociólogo, politólogo y historiador ruso, doctor en ciencias químicas):

“[…] Me crié en la Academia de Ciencias de la URSS, en el entorno de los “sesentistas”. Adopté de ellos su arrogancia con la que abordaron los problemas de la sociedad – la democracia, la optimización, la eficiencia. Un montón de recetas baratas “desde cocinas”. Cuba quitó esta basura de mí, me sacudió como una alfombra polvorienta. Hasta ahora me da vergüenza y hace dolor cuando me acuerdo de con qué aplomo al principio daba consejos a los cubanos – sobre que esto no lo tenían correcto o aquello lo hacían mal.

“[…] Corregir aquella sociedad deformada del “patio tracero” de los EE.UU. – eso fue una proeza de trabajo y paciencia. Todo era una obra creadora, todo era en contra de la “teoría” y del enjambre de expertos extranjeros. Se empezó a construir casas buenas, con muebles, y trasladar allá a la gente desde chabolas. Cerca de La Habana se alzó una ciudad nívea. Pero los habitantes rompieron todos los muebles, destrozaron los baños y sanitarios, arrancaron las puertas – y así volvieron a organizar chabolas, esta vez en los edificios modernos. Así era su cultura. Con paciencia les reparaban los apartamentos, explicaban, proyectaban películas correspondientes. Mas por todas partes se oía el refunfuño de la “crítica constructiva”. Al principio yo también desparramaba las fórmulas de Marx y Liberman, pero se me quitó la borrachera en cuanto me hube probado la realidad.

“[…] Por supuesto, un trabajo físico no extenuativo, especialmente en los campos, es siempre provechoso. Pero él se compagina con diferentes condiciones sociales y por eso se percibe de maneras diferentes. En la URSS a mediados de los sesenta, el público intelectual empezó a desaprobar en extremo la práctica cuando los enviaban al koljós para una o dos semanas.

“Aquí en Cuba, en relación con esta práctica se descubrió una cosa totalmente inesperada por mí. La gran mayoría de los cubanos – no sólo intelectuales, sino urbanos en general – no tenía ni idea del trabajo en ese sector, a cuenta del que su país vivía. Toda Cuba durante un medio siglo vivió a cuenta de la plusvalía producida por los que cultivaban y cortaban la caña. Pero qué trabajo fue esto, los habitantes urbanos no lo sabían. Cuando llegaron al campo, tomaron machetes en las brazos, se enteraron de la vida cotidiana de los campesinos – eso les causó una conmoción a muchos de ellos. ¡Luego es así que su pueblo cubano querido vivía y trabajaba! ¡Una barra de pan por haber cortado 90 arrobas! ¡El piso de suelo en la chabola! ¡Un niño de ocho años que todo el día maneja un atelaje de bueyes! ¡Mientras que los norteamericanos a veces hacen descender los precios de azúcar hasta uno y medio cent por libra! ¡Pero no lo sabíamos nada de esto! Es decir, lo leíamos en periódicos, pero no sabíamos de verdad.

“Sucedió una cosa extraña. Bastante muchos profesores se preparaban para partir – unos a Europa, otros – en los Estados Unidos. […] No sé por qué, pero muchos de los que querían emigrar, fueron entonces a cortar la caña, aunque no había una coacción particular. Tal vez, decidieron ir a ver la Cuba rural antes de la despedida. Había, por ejemplo, un canoso profesor de matemática. Solía pararse en el campo entre las cañas y mirar en torno de sí. La barba está ondeando, el machete en la mano, el jarro al cinturón. Los campesinos le gritan “¡Señol! ¡Tenga la bondad, siéntese para descansar!” Está a punto de llorar. Él debía partir ya en marzo, justo después de este trabajo. Pero más tarde lo veo todavía en Santiago ir a la universidad en su enorme “Ford” antediluviano. Se esclarece que ha decidido no ir. Y hubo más tales. Acabaron de cortar la caña – y algo se rompió en ellos. O se restableció.

“En los nuestros, en Rusia de los sesenta y setenta, un trabajo físico, por supuesto, ya no producía tal efecto. Más bien todo lo contrario. Se decía que este trabajo era inefectivo (“soy un candidato a doctor en ciencias, bla-bla-bla…”), que esta prestación era un eructo del totalitarismo, que esta gratuita mano de obra de esclavos corrompe a los campesinos etc. Algo de verdad hubo en todo esto. Pero no obstante yo no entendía por qué este trabajo en el campo les provocaba tal asco a muchos – lo negaban con pasión, irracionalmente. Bueno, que sea no eficaz (aunque ¿por qué? los enviaron a ayudar precisamente en los momentos más febriles, esto sí es eficaz). Que sea incluso un eructo del totalitarismo. Pero como ya has venido – trabaja un poco, ya que esto es en efecto agradable y provechoso.

“Es una lástima que las autoridades soviéticas eran insensibles al hecho importante de que a los estudiantes y los intelectuales esta prestación koljosiana les daba asco. No se debía continuar, sin haber revelado y eliminado las causas de este asco. Pero estas autoridades ya se han ido, vamos a pensar en la gente. Me parece que muchas de las nuevas generaciones de jóvenes no querían ir al campo, porque tenían miedo de mirar a la cara de la verdad: su cuerpo no quería trabajar, hacer esfuerzos, disfrutar de fatiga. Él sufría de esta fatiga. Y eso era el síntoma de una consunción. La gente no quería ver como algo se atrofiaba en su joven cuerpo, como se extinguía su voluntad de vivir, o no sé qué otro instinto importante.

“Esto puede parecer extraño, pero en todo eso se manifestaba y la consunción del propio régimen soviético. Esa gente quería que este régimen desapareciera, para que ellos no fueran al koljós, no tocaran el suelo y el heno con las manos, no servieran en el ejército. Querían un sistema que los dejara en paz, les permitiera relajarse delante de un televisor barato con una botella de la cerveza mala y barata en la mano. Que les permitiera morir. Después de 1991, la gente comenzó a morir rápidamente. Esto, por supuesto, fue el resultado de las reformas – la pobreza, la desesperación, etc. Pero creo que hubo otra causa no enunciada – que el nuevo régimen les permitió morir. Mientras que el régimen soviético no lo permitía.

“[… ] Muchas cosas en Cuba nos asombraban y parecieron incorrectas. Nosotros ya hace mucho las pasamos y olvidamos, ahora unos cuantos hasta las ridiculizan. Los cubanos mismos sabían que estas cosas contradecían a la teoría y muchos de ellos asimismo las reprobaban. Pero después de haberlas escrutado, comencé a dudar de muchas verdades teóricas. Por ejemplo, entonces, en los años 1966-1968, muchos bienes en Cuba se daban gratis o muy barato. Los teléfonos públicos en la calle eran gratis, la entrada al estadio, al béisbol tan adorado por los cubanos, también era gratuita. Cuando tuvo lugar una celebración de masas, se le distribuía a cada uno una botella de cerveza y un panecillo con una loncha de jamón. Parecía que esto no era justo, porque alguien sí lo pagaba todo esto, mientras que no todos lo disfrutaban, ya que no todos iban al estadio para ver béisbol.

“Sin embargo, al acumular observaciones, llegué a ver en todo eso un gran significado simbólico – o hasta litúrgico, si se puede exponerlo así. Una comulgación conjunta, como si se restableciera la hermandad de los hombres perdida. En esto no hubo un sentido ideológico o político, y el efecto fue mucho más profundo y muy fuerte. Esto se veía en la gente.

“Por ejemplo, nadie jamás se hubiese tomado una cerveza de sobra o un panecillo con jamón. Y nadie hubiese sospechado que alguien se lo tomara. Cuando llegamos a una reunión de círculos escolares, allí comenzaron a distribuir estos panecillos con jamón. Uno de mis estudiantes me vio y me dio su panecillo. Lo pregunto: ¿y tú cómo? “Voy a tomar otro”, me dice con calma. Otra vez, cuando vine a una fiesta en la universidad, el intérprete cubano que había cortado caña conmigo y que acabó de tomarse una botella de cerveza fría, me vio y me la dio. Después se acercó al cajón con hielo y tendió su mano para tomarse otra. Nuestro vidriero, el miembro del comité del sindicato, quien dirigía esta distribución, le dijo con asombro: “Arias, ¿pero acabas de tomar una?” Esto se le escapó sin querer y sin mala intención alguna. Arias chilló algo inarticulado y echó a correr fuera. Le dije entonces al vidriero: “Él me dio su botella a mí”. Éste echó a correr en pos de aquél, gritándole: “¡Compañero Arias, regrese! ¡Compañero Arias, regrese en seguida! Le advierto…” No, aquél no regresó.

“[… ] Cuba está saliendo de la crisis poco a poco, si bien que la esperan los tiempos más difíciles – el cambio de generaciones. Sus jóvenes intelectuales que no tenían en su infancia ni raquitis ni tuberculosis ósea causadas por hambre, no creen, como nosotros no creíamos en los ochenta, que el hambre exista. En todo caso, no creen que él pueda golpear a sus hijos. Pero ya perciben como intolerable su existencia escasa. Seguros de que quieren mejorar su sistema socialista, ellos “no saben la sociedad en que viven”.

“La última vez estuve en La Habana en octubre de 1999 [… ] Un pensamiento lleno de lo trágico se había apoderado allí de la gente de mi edad. Estos hombres lo expresaban de la sorprendentemente misma manera – eso significa que este pensamiento estuvo flotando en el aire. Un bici-taxista se paró para descansar en el malecón cerca de mí. Entablamos una conversación. Me dijo: “Mientras que los ancianos tengan el poder, somos vivos. Vendrán los jóvenes y nos venderán como Gorbachov os ha vendido”. Por la noche, en el fresco, un anciano estuvo paseando con su nieta – elegante, en un vestido hermoso, feliz. Cambiamos unas pocas palabras. Me dijo: “Mientras que los ancianos estén en el poder, somos vivos. Vendrán los jóvenes y espicharemos todos”. ¿Con qué yo lo podía consolar? Acaso con lo que no todos espicharán. Al día siguiente tuve que dar una conferencia para los estudiantes de facultades humanísticas. Las caras claras. Patria o muerte. Estoy hablando sobre perestroika, sobre resultados de las reformas liberales – creen formalmente, pero no los toca a lo vivo. La noción “espicharemos todos” falta en su aparato intelectual”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: