Archivos Mensuales: octubre 2014

Las barreras físicas del capitalismo

Fragmentos del artículo “Autodestrucción sistémica global, insurgencias y utopías” por Jorge Beinstein [negrita mía]:

“Una visión más amplia nos estaría indicando que lo ocurrido en 2008 fue el resultado de un proceso iniciado entre fines de los años 1960 y comienzos de los años 1970 cuando la mayor crisis económica de la historia del capitalismo no siguió el camino clásico (tal como lo mostró el siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX) con gigantescos derrumbes empresarios y una rápida mega avalancha de desempleo en las potencias centrales, sino que fue controlada gracias a la utilización de poderosos instrumentos de intervención estatal en combinación con reingenierías tecnológicas y financieras de los grandes grupos económicos. Esa respuesta no permitió superar las causas de la crisis, en realidad las potenció hasta niveles nunca antes alcanzados desatando una ola planetaria de parasitismo y de saqueo de recursos naturales que ha engendrado un estancamiento productivo global en torno del área imperial del mundo imponiendo la contracción económica del sistema no como fenómeno pasajero sino como tendencia de larga duración.”

“Las agresiones imperiales cuando consiguen derrotar a sus “enemigos” no logran instalar sistemas coloniales o semi coloniales estables como en el pasado sino que engendran espacios caóticos. Es así porque la economía mundial en declive no permite integrar a las nuevas zonas periféricas sometidas, los espacios conquistados no son absorbidos por negocios productivos o comerciales medianamente estables de la metrópolis sino saqueados por grupos mafiosos y a veces simplemente empujados hacia la descomposición.”

“Al auge del carbón mineral del siglo XIX le sucedió el del petróleo en el siglo XX y hacia comienzos del siglo XXI ha sido agotada aproximadamente la mitad de la reserva original de ese recurso. Eso significa que ya nos encontramos en la zona calificada como cima o nivel máximo posible de extracción petrolera a partir de la cual se extiende un inevitable descenso extractivo, desde mediados de la década pasada ha dejado de crecer la extracción de petróleo crudo.” […] “Si pensamos en lo que resta de la década actual comprobaremos que no aparecen reemplazos energéticos capaces de compensar la declinación petrolera.”

“Todo ello significa que los costos energéticos de la economía se han convertido en una factor decisivo limitante de su expansión y en algún escenario turbulento causarían una contracción catastrófica de las actividades económicas a nivel global. No se trata solo del petróleo sino de un amplio abanico de recursos mineros que se encuentran en la cima de su explotación, cerca de la misma o ya en la etapa de extracción declinante (5) afectando a la industria y a la agricultura, por ejemplo la declinación de la producción mundial de fosfatos, componente esencial para la producción de alimentos, desde hace algo más de dos décadas (6).”

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La URSS: viaje de ida y vuelta

Mi resumen del discurso de Mikhaíl Deliaguin (economista y publicista ruso, doctor en ciencias económicas, director del Instituto de los problemas de la globalización) sobre el regreso a la URSS (Hiperenlace a la fuente, en ruso).

Las encuestas en la internet demuestran que la mayoría de los rusos así como los habitantes de otras repúblicas (excepto de las enloquecidas) quisieran regresar a la URSS. Sin embargo, no se puede regresar al pasado y además, si la URSS hubiese sido una sociedad ideal, habríamos seguido viviendo en ella ahora. Pero la URSS tuvo defectos graves que la mataron. […] Un error de Stalin consistió en que el sistema creada por él engendró a Gorbachov, igual que a Jruschov antes de eso. Este sistema no logró reproducirse, sostenerse por sí mismo sin un líder del tamaño de Stalin.

Y la tarea histótica a la que tenemos que encararnos, no consiste en que se vuelva a su niñez, o, para los jóvenes, a la niñez de sus padres y abuelos, sino en trasladar los rasgos positivos de la URSS al futuro. De tal modo que se pueda prescindir del miedo ante el KGB (recuerdo bien ese miedo, aunque ahora entiendo que no hubo tantas cosas por que temer, en efecto). De tal modo que se pueda prescindir del hurgamiento ideológico en los cerebros, de la coacción de la gente a traición. […]

Ahora en Rusia se copia algunas experiencias negativas de la URSS: toman lo que es más simple, más destructivo, lo que se deja integrar con el proyecto neoliberal y que nos mata a todos.

Tendremos que pasar por una crisis sistémica profundísima. “Hemos olvidado a cuál precio nos conseguimos el poder soviético”, me dijo una vez mi madre en los tranquilos años 70 al haber mirado la TV. Y por lo tanto tendremos que pagar este precio una vez más. Pero nuestro futuro sí será una URSS a otro nivel tecnológico, cultural, tal vez ideológico. La gente que ahora pretenden crear en Rusia un Estado nacionalista ruso, intentan hacer de los rusos a unos “infraestonios”. Porque los rusos se identifican no por la sangre, sino por la cultura. Señores, dejen ya de emular con Hitler, éste no lo consiguió y Ustedes no van a conseguirlo tanto menos.

Tendremos que resucitar, rehacer la civilización soviética. Hay un método sencillo para hacer las cosas cualitativamente nuevas. En la técnica, debéis decir: “Miren, este teléfono es más ancho por una media pulgada, nunca hubo tales, es una cosa completamente revolucionaria.” Si queréis hacer algo en principio nuevo en la sociedad, debéis decir: “No hacemos nada nuevo, sino regresamos a nuestras tradiciones, nuestras raíces […]”. Por eso construiremos nuestra sociedad regresando a la civilización soviética, si bien obteniendo un resultado en principio nuevo, ya que las tecnologías son otras y el mundo es otro. Y nosotros mismos somos otros: ya no somos campesinos ni obreros, con algunas excepciones rarísimas.

Por lo tanto creo que nuestro futuro será una URSS nueva, otra, la que tendremos que construir “cubiertos de sangre y pérdidas amargas”. Quisiera que se pueda prescindir de eso, pero el nivel de nuestra degradación es tan bajo que, como lo dijo el aviador legendario A.Maresiev en 1995, los métodos civilizados para sanear todo ESO ya no funcionarán.

M.Deliaguin sobre ciertas tendencias globales

Algunos fragmentos del discurso de Mikhaíl Deliaguin (economista y publicista ruso, doctor en ciencias económicas, director del Instituto de los problemas de la globalización) resumidos y traducidos por mí. (Hiperenlace a la fuente, en ruso)

***

La humanidad comienza a pasar paulatinamente de la modificación del mundo circundante a la modificación de su propia conciencia. Los efectos de esta revolución no los podemos apreciar debidamente no sólo porque esto es difícil y porque no estamos más que en el propio inicio de este proceso, sino también porque el objeto principal de la dicha modificación es el propio instrumento gnoseológico, nuestra conciencia. […] De ahí resulta la reducción de la cognoscibilidad del mundo circundante. […] Vemos un fenómeno y en virtud de la intensidad de las retroalimentaciones no comprendemos si lo percibimos directamente o como un conjunto de opiniones acerca de él. Por ejemplo, estoy bebiendo el agua, que es sabrosa… ¿Es sabrosa realmente o esto sólo me parece porque en mi subconsciencia está imprimido que el brand de Vichy es muy bueno? Perdemos la capacidad de distinguir entre lo real y la representación que ha sido formada en nuestro cerebro.

Como consecuencia de esto, se reduce la importancia de la ciencia y la necesidad de ella. Porque cuando la humanidad se ocupaba de la modificación del mundo circundante, tenía que saber lo más posible de él. Y cuando nos ocupamos de la modificación de nuestra conciencia, resulta que ahí no es necesario saber mucho. […]

La reducción de la necesidad de la ciencia conlleva a la reducción de la importancia social del conocimiento como tal y por consiguiente al aumento del riesgo de catástrofes tecnogenas. Un ejemplo convincente de esto fue la inundación en Nueva Orleans. En el país socialmente más desarrollado del mundo, en las condiciones de una democracia desarrollada, de las retroalimentaciones desarrolladas, de una sociedad civil etc., las autoridades locales a lo largo de unos 20 años habían estado diciendo: “Señores, el dique se lo va a llevar”. Al fin y al cabo se lo llevó.

Como se reduce la necesidad de la ciencia, la enseñanza, que la abastece de cuadros, se priva de su razón de existir. Respectivamente, podemos ver la degeneración de la enseñanza en un instrumento del control social de la índole medieval. […]

Mientras que antes las sociedades estaban organizadas en forma de Estados, ahora podemos observar que tanto por encima de los Estados como “por debajo” de ellos se forman estructuras más sólidas. La gente se trasladan con facilidad comparativa de un país al otro, muchas corporaciones del negocio global ya son claramente más grandes que la mayoría de los Estados y claramente más influyentes. Mientras que antes decíamos que la estructura social de la sociedad se extiende de la familia hasta el Estado, ahora al nivel inferior ella se reduce al individuo y al nivel superior se alza sobre le Estado como el negocio global. […]

Hoy en día podemos presenciar la crisis de la democracia. Los institutos convencionales democráticos les ceden el poder sobre la sociedad a las fuerzas más influyentes en ella. En vista de las comunicacionas desarrolladas podemos ver a cada trique que estas fuerzas resultan ser externas respecto a la sociedad dada. El uso absolutamente democrático de los procedimientos democráticos les entrega el poder sobre la sociedad a las fuerzas que tienen nada que ver con esta sociedad: ellas pueden ser un gran Estado vecino, el negocio global etc. […]

La formación del negocio global que en sus tamaños domina sobre los Estados y a veces se los subordina. Esto no es una pandilla siniestra de los banqueros de Bilderberg, no, es un ambiente financiero normal, en el que cada economía está sumergida, y si esta economía hace algo incomprensible para este ambiente financiero, éste simplemente se le vuelve de espalda a ella, por lo que empiezan problemas económicos, luego sociales, luego políticos y este sistema se desmorona. […] Es decir, con relación a cualquier sociedad el negocio global se manifiesta como una fuerza dominante. Con todo eso, el negocio global no tiene a sus votantes ni contribuyentes, en efecto ni siquiera tiene sus accionistas. […] El hecho es que cuando durante la crisis de los años 2008-2009 vimos que todo lo que pudieron los accionistas de las corporaciones mayores fue obtener de sus top managers, quienes habían llevado sus compañías hasta la bancarrota, que ellos no se pagaran como primas la ayuda estatal dirigida a la salvación de esas compañías – y nada más, esto significa que la propiedad privada al nivel del negocio grande ha desaparecido. Y aquí el problema está en que los accionistas, los propietarios no sólo son incapaces de influir en la gestión de las compañías, sino en que no quieren hacerlo. Siendo los accionistas de una compañía internacional, no quieren ser sus propietarios, sino los pensionados de esa compañía: cobrar los ingresos del aumento de los dividendos y de la capitalización – y eso es todo. […]

Cada medalla tiene su reverso. Las tecnologías de la información son superproductivas, y esto es magnífico. El reverso consiste en que las tecnologías industriales eran relativamente poco productivas, y eso engendraba el humanismo. Cada hombre valía, ya que fue la fuente potencial de la ganancia. Hubo que cogerlo, domarlo, enseñarlo, ponerlo a la máquina… Cada hombre podía producir la ganancia, y por eso representaba un valor. De ello surgió el humanismo. Las tecnologías modernas aumentaron la productividad del trabajo drásticamente. Para poder producir el volumen de los bienes materiales que consume la humanidad de hoy, se necesita una mano de obra menor. Surgío el problema de la gente superflua – “¿qué hacer con ella?” Esta es la gente que consume bastante mucho y produce bastante poco. Antes esto se resolvía al nivel del Estado de una manera bastante sencilla: hay que darle de comer a la gente, porque esto es la cuestión de la estabilidad social. […] Pero en el sistema del negocio global, donde la corporación se hizó mayor que el Estado, la lógica del Estado se hace más débil que la lógica de la corporación. Y la corporación no se rompe la cabeza sobre las secuelas sociales, ella se orienta hacia la ganacia. Y si alguien consume mucho y produce poco, su consumo debe ser reducido. Se trata de la clase media de los países desarrollados. La liquidación de la clase media, su pauperización empezó en EEUU ya a principios de los 80 y en Europa Occidental a principios de los 90, aunque entonces iba manifestándose lentamente… Con la crisis de 2008-2009 este proceso se aceleró cualitativamente, y esa es la tendencia básica. […].

¿Pero qué será de la economía de mercado sin la demanda de la clase media, cuando la clase media se vuelva pobre? Eso ya no será una economía de mercado, sino una economía de ración, donde se distribuirá un mínimo de los bienes materiales y virtuales. Eso ya no será una economía de mercado, sino una economía de distribución más o menos centralizada.

¿Y cómo será la democracia entonces, que existe en nombre de la clase media y en aras de ella? ¿Qué será con la democracia, cuando la clase media desaparezca? Es probable que ya estamos observando el proceso de la transición de la democracia a una dictadura suave mediático-sicológica. Nos parecía que G.Orwell había escrito sobre la URSS, pero resultó que fue sobre toda la humanidad. Y claro está que la liquidación de la clase media significará una deshumanización tremenda, dirigida ya no en el exterior, sino en el interior de cada sociedad.