M.Deliaguin sobre ciertas tendencias globales

Algunos fragmentos del discurso de Mikhaíl Deliaguin (economista y publicista ruso, doctor en ciencias económicas, director del Instituto de los problemas de la globalización) resumidos y traducidos por mí. (Hiperenlace a la fuente, en ruso)

***

La humanidad comienza a pasar paulatinamente de la modificación del mundo circundante a la modificación de su propia conciencia. Los efectos de esta revolución no los podemos apreciar debidamente no sólo porque esto es difícil y porque no estamos más que en el propio inicio de este proceso, sino también porque el objeto principal de la dicha modificación es el propio instrumento gnoseológico, nuestra conciencia. […] De ahí resulta la reducción de la cognoscibilidad del mundo circundante. […] Vemos un fenómeno y en virtud de la intensidad de las retroalimentaciones no comprendemos si lo percibimos directamente o como un conjunto de opiniones acerca de él. Por ejemplo, estoy bebiendo el agua, que es sabrosa… ¿Es sabrosa realmente o esto sólo me parece porque en mi subconsciencia está imprimido que el brand de Vichy es muy bueno? Perdemos la capacidad de distinguir entre lo real y la representación que ha sido formada en nuestro cerebro.

Como consecuencia de esto, se reduce la importancia de la ciencia y la necesidad de ella. Porque cuando la humanidad se ocupaba de la modificación del mundo circundante, tenía que saber lo más posible de él. Y cuando nos ocupamos de la modificación de nuestra conciencia, resulta que ahí no es necesario saber mucho. […]

La reducción de la necesidad de la ciencia conlleva a la reducción de la importancia social del conocimiento como tal y por consiguiente al aumento del riesgo de catástrofes tecnogenas. Un ejemplo convincente de esto fue la inundación en Nueva Orleans. En el país socialmente más desarrollado del mundo, en las condiciones de una democracia desarrollada, de las retroalimentaciones desarrolladas, de una sociedad civil etc., las autoridades locales a lo largo de unos 20 años habían estado diciendo: “Señores, el dique se lo va a llevar”. Al fin y al cabo se lo llevó.

Como se reduce la necesidad de la ciencia, la enseñanza, que la abastece de cuadros, se priva de su razón de existir. Respectivamente, podemos ver la degeneración de la enseñanza en un instrumento del control social de la índole medieval. […]

Mientras que antes las sociedades estaban organizadas en forma de Estados, ahora podemos observar que tanto por encima de los Estados como “por debajo” de ellos se forman estructuras más sólidas. La gente se trasladan con facilidad comparativa de un país al otro, muchas corporaciones del negocio global ya son claramente más grandes que la mayoría de los Estados y claramente más influyentes. Mientras que antes decíamos que la estructura social de la sociedad se extiende de la familia hasta el Estado, ahora al nivel inferior ella se reduce al individuo y al nivel superior se alza sobre le Estado como el negocio global. […]

Hoy en día podemos presenciar la crisis de la democracia. Los institutos convencionales democráticos les ceden el poder sobre la sociedad a las fuerzas más influyentes en ella. En vista de las comunicacionas desarrolladas podemos ver a cada trique que estas fuerzas resultan ser externas respecto a la sociedad dada. El uso absolutamente democrático de los procedimientos democráticos les entrega el poder sobre la sociedad a las fuerzas que tienen nada que ver con esta sociedad: ellas pueden ser un gran Estado vecino, el negocio global etc. […]

La formación del negocio global que en sus tamaños domina sobre los Estados y a veces se los subordina. Esto no es una pandilla siniestra de los banqueros de Bilderberg, no, es un ambiente financiero normal, en el que cada economía está sumergida, y si esta economía hace algo incomprensible para este ambiente financiero, éste simplemente se le vuelve de espalda a ella, por lo que empiezan problemas económicos, luego sociales, luego políticos y este sistema se desmorona. […] Es decir, con relación a cualquier sociedad el negocio global se manifiesta como una fuerza dominante. Con todo eso, el negocio global no tiene a sus votantes ni contribuyentes, en efecto ni siquiera tiene sus accionistas. […] El hecho es que cuando durante la crisis de los años 2008-2009 vimos que todo lo que pudieron los accionistas de las corporaciones mayores fue obtener de sus top managers, quienes habían llevado sus compañías hasta la bancarrota, que ellos no se pagaran como primas la ayuda estatal dirigida a la salvación de esas compañías – y nada más, esto significa que la propiedad privada al nivel del negocio grande ha desaparecido. Y aquí el problema está en que los accionistas, los propietarios no sólo son incapaces de influir en la gestión de las compañías, sino en que no quieren hacerlo. Siendo los accionistas de una compañía internacional, no quieren ser sus propietarios, sino los pensionados de esa compañía: cobrar los ingresos del aumento de los dividendos y de la capitalización – y eso es todo. […]

Cada medalla tiene su reverso. Las tecnologías de la información son superproductivas, y esto es magnífico. El reverso consiste en que las tecnologías industriales eran relativamente poco productivas, y eso engendraba el humanismo. Cada hombre valía, ya que fue la fuente potencial de la ganancia. Hubo que cogerlo, domarlo, enseñarlo, ponerlo a la máquina… Cada hombre podía producir la ganancia, y por eso representaba un valor. De ello surgió el humanismo. Las tecnologías modernas aumentaron la productividad del trabajo drásticamente. Para poder producir el volumen de los bienes materiales que consume la humanidad de hoy, se necesita una mano de obra menor. Surgío el problema de la gente superflua – “¿qué hacer con ella?” Esta es la gente que consume bastante mucho y produce bastante poco. Antes esto se resolvía al nivel del Estado de una manera bastante sencilla: hay que darle de comer a la gente, porque esto es la cuestión de la estabilidad social. […] Pero en el sistema del negocio global, donde la corporación se hizó mayor que el Estado, la lógica del Estado se hace más débil que la lógica de la corporación. Y la corporación no se rompe la cabeza sobre las secuelas sociales, ella se orienta hacia la ganacia. Y si alguien consume mucho y produce poco, su consumo debe ser reducido. Se trata de la clase media de los países desarrollados. La liquidación de la clase media, su pauperización empezó en EEUU ya a principios de los 80 y en Europa Occidental a principios de los 90, aunque entonces iba manifestándose lentamente… Con la crisis de 2008-2009 este proceso se aceleró cualitativamente, y esa es la tendencia básica. […].

¿Pero qué será de la economía de mercado sin la demanda de la clase media, cuando la clase media se vuelva pobre? Eso ya no será una economía de mercado, sino una economía de ración, donde se distribuirá un mínimo de los bienes materiales y virtuales. Eso ya no será una economía de mercado, sino una economía de distribución más o menos centralizada.

¿Y cómo será la democracia entonces, que existe en nombre de la clase media y en aras de ella? ¿Qué será con la democracia, cuando la clase media desaparezca? Es probable que ya estamos observando el proceso de la transición de la democracia a una dictadura suave mediático-sicológica. Nos parecía que G.Orwell había escrito sobre la URSS, pero resultó que fue sobre toda la humanidad. Y claro está que la liquidación de la clase media significará una deshumanización tremenda, dirigida ya no en el exterior, sino en el interior de cada sociedad.

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